De borracho a cantinero
Qué bonito es poder disfrutar, divertirnos, degustar una copa, agarrar la fiesta, pedir una y la otra, reclamar que faltó agua, que sobró limón, exigir la que sigue con autoridad, decirle ‘ciérrele, yo pago’; ‘otro rato, no pasa nada’; ‘lo que se tomen yo invito’; ‘como veo doy, dijo el filósofo de Tepechi’ y frases así que sólo la buena juerga permite. Es el gusto de poder cantar aunque no sepas ni la tonada salga, gritar con gallo incluido, sentir ese don de mando que te da “la vena llena” con el poder de pedir fiado que en la quincena pagas. Confirmado, siempre será más fácil ser borracho que cantinero.
Qué complicado resulta ser quien está detrás de la barra, el que tiene que atender con paciencia, sonreír del mal chiste, escuchar cual psicólogo de traumas, decepciones y desamores; hacer coro en las canciones aunque se repitan de menos cinco veces, ponerle otro poquito para que amarre, invitar las de la casa, contener los ánimos para que los amigos no terminen en pleito, explicar que no puede fiar porque luego él será quien pague, dar consejos, tomar la llamada y decir que ya mero salen. Infinidad de historias de cantina que sólo a quien le toca estar de tabernero podrá contarnos y asegure, que es más fácil ser borracho que cantinero, los años, la vida y la experiencia así lo demuestran.
Parto de esta analogía para llegar a una realidad innegable en el ambiente político de ayer -hoy y siempre- estar en la oposición permite señalar, criticar, frenar, objetar muchas veces sin razón y escasos argumentos, proyectos, programas, decisiones y acciones que desde una óptica resultan positivos. Da la posibilidad de cuestionar y oponerse a innumerables temas con acierto o sin él. Para la otra cara de la moneda es la necesidad de tolerar, buscar coincidir y construir, es dejar siempre abierta la posibilidad del diálogo, del acuerdo para que las cosas funcionen y no se impongan, se respalden pues los puntos de convergencia y no prevalecer en los de divergencia. Esto es pues, tener claridad y saber jugar el rol del borracho y el cantinero.
El ejercicio de gobierno en la época actual nos exige tener altura de miras, visión de largo plazo, pues en la vida como en la política nadie gana todo, nadie pierde todo, el triunfo no es para siempre, la derrota tampoco; preferible resulta entonces una gran visión que ayude a encontrar los temas torales del Ejecutivo, del Legislativo, del Judicial y lo mismo por supuesto de los ayuntamientos, para encontrar cómo las cosas suceden. Las diferencias políticas existen y quizás permanecerán, vamos apostando a lo que sí resulta prioridad e interés común, si pensamos en Zacatecas. No olvidemos que no es lo mismo ser borracho que cantinero, o como decían en las reflexiones nuestros mayores “como te ves me vi, como me ves te verás”, encuadra perfecto en esta editorial.
Ser oposición no debe ser estar en contra de todo y a favor de nada; ser gobierno o mayoría no debe significar aplastar, imponer, resolver con autoritarismo. Son tiempos de entender con claridad que todas y todos somos importantes, que en la pluralidad debemos encontrar cómo se enfrenta la realidad. En el contexto político y social que vivimos nada hace más daño que el radical ejercicio del poder o el manotazo aplastante de las mayorías. Civilidad, equilibrio y buena política ¿será mucho pedir? Ya lo están viviendo, no es lo mismo ser borracho que cantinero.
Y ya que andamos en estos ambientes del borracho y el cantinero, qué les parece si echamos grito y cantamos “Dime cantinero, tú sabes de penas, ¿a los cuántos tragos me olvido de ella?… A través del vaso yo la sigo viendo, porque como un loco la sigo queriendo…”

