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Dr. Samuel Muñoz Carrillo
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Dr. Samuel Muñoz Carrillo

Jesús Domínguez Cardiel

Hombre de estatura considerable, corpulento e imponente; amable en su trato, intelectualmente muy ágil y ávido de seguir aprendiendo y produciendo. Así era el Dr. Samuel Muñoz Carrillo. Hoy se cumple una semana de su lamentable pérdida, y sí, es lamentable para el gremio magisterial y normalista de Zacatecas por sus aportes y enseñanzas a tantas y tantas generaciones.

     En esta ocasión le dedico estas líneas porque fuimos compañeros en el CAM y recientemente amigos. Desde que lo conocí, fue una persona que con sus palabras enseñaba, lo hacía intencionalmente y de manera intrínseca daba cátedra de su experiencia y conocimiento de la vida, no sólo de lo académico. Le aprendí mucho.

     Su trayectoria es impresionante, pues desde 1966 comenzó su labor docente, es decir, más de 50 años de servicio. Tuvo varios puestos directivos, de los más destacados la dirección de la Escuela Normal Rural, Matías Ramos Santos, de Loreto, Zacatecas, así como algunos otros dentro de la Secretaría de Educación del estado. Sin embargo, lo más recordado es el trabajo que realizó dentro de las aulas, principalmente del Centro de Actualización del Magisterio (CAM) y la Normal de San Marcos.

     En el tiempo en el que convivimos siempre me llamó Chuy, me explicaba los “tejes y manejes” de la recuperación de la práctica y la elaboración de las planeaciones para los alumnos normalistas; impartió matemáticas y conocía de historia y sabía cómo enseñarla. También coincidimos como compañeros en el Doctorado en Estudios Novohispanos de la UAZ, aunque su generación egresó primero.

Su tesis doctoral también es un aporte significativo para la historia de la educación zacatecana y la legislación en la transición del virreinato al México independiente. Sobre este tema conversamos largamente y en varias ocasiones discrepamos sobre lo que hicieron y significaron personajes como Francisco García Salinas, Ignacio Ribott y Valentín Gómez Farías, aun así, se aprendía de él.

     Hace unos meses le solicité me permitiera unirme a su grupo de trabajo. Me preguntó los porqués, conversamos más de dos horas en una llamada telefónica y coincidimos en muchos puntos, al final, me dijo que sí. A raíz de ese momento planeamos varios proyectos, algunos de ellos los concretamos y otros más quedaron pendientes.

     Finalmente, esas agendas dan cuenta de su incansable fuerza intelectual y física, pues la última vez que hablé con él, para ser precisos, una semana antes de su fallecimiento, me dijo: “hay que entrarle, hay que hacerlo lento, pero seguro. En cuanto regrese nos ponemos al corriente”.

     No me quedan más que excelentes recuerdos de él como persona y como académico, sentimiento que seguramente comparten muchos de sus exalumnos, alumnos y compañeros. Hasta siempre Doctor.