El arte de amar
Adrián Chávez
“¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo, ¿o es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno ‘tropieza’ si tiene suerte?… Si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda”, consideremos la primera premisa. Así comienza Erick Fromm su libro El arte de amar, para exponer de manera magistral lo que para él representa la decisión de amar.
En el libro que nos regala Fromm se describe el amor de pareja, el amor a los hijos, el amor a sí mismo, el amor erótico y el amor a Dios, en la mayoría de los casos como una necesidad humana por superar la angustia de la separación, es decir, la idea de estar aislado, desvalido y solo frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, muchas veces, con sentimientos de culpa y vergüenza.
En el desarrollo del texto describe lo efímero del “enamoramiento” y dice “dos personas que son desconocidas una para la otra, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes de la vida. Y resulta más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas y sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que el antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial”. Y pocas parejas trascienden ese estado hacia la decisión de amar.
Fromm coincide con Victor Frankl al decir que el amor es una decisión y otras más, como Nilda Chiaraviglio, proponen que “amar” es un verbo (acción), acciones que son realizadas constantemente, justamente así, con la voluntad y decisión de elegir hacerlo.
Al describirlo como un arte, Fromm expone que “amar” requiere humildad, coraje, fe y disciplina y, lo hace, con el conocimiento de causa que las sociedades en la que nacemos no nos enseñarán nada sobre esto. Amar requiere un esfuerzo y decisión para aprender a hacerlo porque, desde mi punto de vista, requiere de un trabajo interior que implica el autoconocimiento, la trascendencia de las heridas personales, la superación de lealtades con el sistema familiar (cuando se ha vivido la violencia), entre otras. Un proceso que cada quien elige cómo aprenderá, en dolor o en amor.
“Amar a tu prójimo como a ti mismo” era la misión para los 2 mil años, desde que Jesús lo anunciara como el principal mandamiento, misión que si bien avanzó un poco, aún hay mucho por hacer y lograr al respecto.

