El certamen literario al retrato ecuestre de Carlos IV
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
Salvador Lira
En la Nueva España una gran parte de aparatos arquitectónicos fueron realizados para ocasiones en específico. En muchos casos, si bien se reutilizaban para otras solemnidades, lo cierto es que la mayoría se perdieron por su propia manufactura. Así, gran parte de ellos se cuentan con noticias en impresos o manuscritos, que hablan tanto del aparato, como del conjunto ritual.
Quizá la obra de mayor envergadura y con más trascendencia fue la estatua ecuestre de Carlos IV por Manuel Tolsá. Fue proyectado e instalado por vez primera en la Plaza Mayor, ahora Zócalo capitalino. Las diversas vicisitudes en los procesos del Antiguo Régimen a Nuevos Estados-Nación hizo que fuese cambiando de lugar (inclusive tuvo la posibilidad de ser destruido) por el furor antiespañol. Actualmente se encuentra frente al Museo Nacional (cabe decir que la estatua ecuestre tuvo cierta mediatización por un mal manejo en su proceso de restauración).
Con todo ello, se cuenta con la descripción de las solemnidades por su dedicación frente al palacio virreinal. Bajo dispensa del virrey José de Iturrigaray, José Mariano Beristáin realizó la relación de un certamen en honor a la colocación de la estatua ecuestre. El impreso, bajo el título Cantos de las musas mexicanas… por la casa de Mariano de Zúñiga y Ontiveros (1804), dedica un breve motivo, así como los ganadores a manera de inscripciones que se colocaron de manera efímera, en tanto que tales únicamente se constan por la fuente documental.
De esta manera, a la estatua se dedicaron poemas latinos a manera de inscripciones y epigramas latinos, así como, sonetos, octavas, odas y romances endecasílabos castellanos. Destaca el primer premio de José María Villaseñor y Cervantes, un escritor que transitará de la relación y participación en expresiones de lealtad monárquica, a las dedicaciones por la Constitución de Cádiz, así como letras poéticas por el 15 de septiembre, esto ya para 1821. Se trata de un autor que guardó las formas tradicionales de manifestación poética en espacios del poder. El soneto con el que ganó es el siguiente.
Danos su luz el Sol, su influjo el Cielo,
el Campo su verdor, su olor las Flores,
y entre el suave matiz de sus colores
su líquido cristal el Arroyuelo:
Da liberal y fértil nuestro suelo
en frutos y riquezas superiores
cuanto pudieran sus habitadores
apetecer con ambicioso anhelo.
Faltábale no más la Real presencia
de su adorado Carlos: ¿y podría
su amor negarle tanta complacencia?
Consulta a su Bondad, y así le envía
en la Copia inmortal de su clemencia
el bello Original que apetecía.


