El león dormido
Los procesos que se viven en la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ) constituyen un espacio de “encuentros y desencuentros” dependiendo de los intereses que estén latentes. Sin embargo, lo extraño de la condición actual que se vive es la existencia de lo que en la sociedad se le denomina “falta de respuesta social organizada” y en la institución la denominaremos “falta de respuesta universitaria organizada”.
Resulta conveniente cuestionar ¿qué tan convencidos estamos del proceso de “autotransformación institucional” o reforma universitaria? Lo digo responsablemente al hacer un análisis de la ruta crítica, la cual menciona como objetivo “posicionar a la BUAZ a la vanguardia del proceso de transformación de la universidad pública en el país, que se construya la vía para trascender la crisis multidimensional por la que atraviesa derivada de la implantación de políticas neoliberales de corte mercantilista, privatizador, excluyente, inequitativo y contraccionista”.
Los universitarios que verdaderamente hemos estado como autores, actores y operadores de los diferentes procesos de reforma, no hemos manifestado abiertamente nuestros puntos de vista, y puede preguntarse, ¿acaso será la condición de la falta de estar de manera presencial?, ¿será la crisis del Covid-19 la que nos tiene en la lógica de que lo que las autoridades universitarias propongan e impongan sean las más adecuadas? o ¿cuál será la razón por la cual no se escuchan nuestras voces?, ¿será que se refundará la BUAZ en la lógica de una política educativa desde el modelo de gobierno actual, que a mitad del sexenio está impulsando para todas las instituciones de educación superior y que seamos punta de lanza hacia esta “nueva transición”?.
En lo particular, la BUAZ decretó en la reforma de 1998-2000 en sus resolutivos, convenciéndonos en el discurso de hace veintiún años y que quedaron plasmados en el modelo académico UAZ Siglo XXI, los principios de la formación integral, flexible, polivalente, la interdisciplinariedad, interculturalidad, el compromiso social y ambiental, la educación creativa y transformadora, etc.
Estos y otros principios es lo que vuelve a proponer la ruta crítica presentada. Pero ¿cuál es el pensamiento de los universitarios?. ¿Acaso lo que se ha realizado en los últimos cinco rectorados con atención a grupos menos favorecidos, no ha sido una política para solventar la exclusión e inequidad y que se presentaban como fortalezas de la BUAZ?
Conviene señalar ¿acaso esas políticas neoliberales no fueron aprovechadas para hacer frente a los problemas y crisis recurrentes que anualmente se presentan?, nos preguntamos, ¿la institución renunciará a las políticas neoliberales de programas federales como el Prodep, Esdeped o SNI?, ¿ya no se buscarán las acreditaciones de programas para analizar la calidad educativa?, ¿se tendrán que cambiar todos los planes y programas de estudio bajo una lógica diferente a los créditos y competencias que han permitido la movilidad nacional e internacional de nuestros estudiantes y docentes? o ¿qué nuevos indicadores de calidad se implementarán, o ya no se llamará calidad?. Estas políticas fueron asumidas y no fueron cuestionadas en su momento. Habrá que estar atentos.

