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El rey del distractor
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El rey del distractor

CARLOS PEÑA BADILLO 

 

Desde su llegada al gobierno de la República, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha convertido su sexenio en un espectáculo mediático que es innegable, domina. Todas las mañanas ha encontrado la manera de inducir, conducir y distribuir los temas que para él y su gestión son estratégicamente necesarios. 

 

Los problemas torales del país pueden estar o no en su agenda. Él dice lo que quiere decir y comunicar. De poco sirve si la ciudadanía padece la mayor crisis de seguridad en la era reciente; no es tema, el histórico número de vidas (el mayor en la historia) que se han perdido por la falta de una estrategia real de combate a la inseguridad; lo único con lo que se ha intentado hacer frente al severo problema es con “abrazos y no balazos”. Fracaso rotundo.

 

No es tema la cruda crisis económica que nos tiene con el alma en un hilo. El dinero no rinde, los empleos se pierden; la inflación está sin control, la canasta básica es inalcanzable; los combustibles no bajaron ni la energía eléctrica. Los insumos para quienes producen en el campo, en las fábricas, en las empresas y negocios, se encuentran con costos que, comparados con las ventas, son absolutamente desproporcionados; sumado a que las y los mexicanos están en uno de los peores momentos si de poder adquisitivo hablamos. Pero de estos temas poco habla el presidente López Obrador. Es preferible voltear a ver para otro lado. 

 

Si de corrupción en su gobierno hablamos, muchos han sido los momentos en que aparece en el escenario integrantes de su gabinete o responsables de sus programas, inmersos en la sombra de los excesos, desvíos de recursos, simulación, adjudicaciones a discreción y otro sin fin de opacidades que incluso han inmiscuido a su familia. Pero tampoco ese asunto que, desde la óptica presidencial, incumba a las, los y les mexicanos. Para eso hay Presidente, para acallar voces, imponer criterio y privilegiar su verdad; lo demás no existe, no cabe, no se permite. Se admira que es defensor a ultranza de sus allegados, para muestra están sus hijos, los Barttlet, los Segalmex, los del Crédito Ganadero a la Palabra; los de la Secretaría de Salud o los superdelegados en los estados. Sin embargo, la realidad nos dice que hay muchas dudas en todas esas historias en la era de la Cuarta Transformación, pero esos tópicos tampoco se consideran, no pueden ser distractor de lo que al Ejecutivo preocupa. 

 

Ya de vulnerar instituciones, desaparecer programas, realizar juicios a priori, enjuiciar, acusar e intentar manipular poderes, personas y más, mejor ni hablamos. Basta con echar un ojo a su actuar y más encontraremos. 

 

Apenas hace unos días, encaminado al ocaso de su quinto y penúltimo año de mandato, AMLO consideró que era el momento de que se hablara menos de su sexenio y se comenzara –con intensidad y desfachatez– a especular, confirmar e impulsar que la sucesión presidencial estaba en marcha; bajo el mote de “corcholatas” morenistas o aliados que tienen una aspiración, fundada o no, pero válida sí, serán a partir de ya, el distractor favorito todas las mañanas para concentrarnos en las adversidades y realidades del México real. Se acabó el tiempo y peor aún, parece que nunca llegó. A partir de ya y bajo esa visión la agenda nacional desde Presidencia de la República será, lamentablemente, el quehacer de la y los aspirantes, lo demás ya será lo de menos. Ni modo, así tocó, ya vendrán tiempos mejores, espero los alcancemos y construyamos juntas y juntos, vale la pena.