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El toreo mexicano en el rasero de las ciencias tristes
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El toreo mexicano en el rasero de las ciencias tristes

Orejas y rabo

 

Carlos Saucedo Medrano 

curromedran05@gmail.com

 

Ofrezco una disculpa: escribir de toros no es escribir de ciencia. El toreo nunca fue un tema de exactitudes ni de datos. Algo tan profundo se debe mantener alejado de indicadores, porcentajes y comparativas anuales, porque con ello rectificamos su grandeza como el arte entre las artes. 

 

Sin embargo, todas las competiciones o disciplinas tienen un punto de medición para saber de cuál posición gozan quienes las ejercen o practican de manera profesional: olimpiadas de matemáticas o historia para los chavales de primaria y secundaria; mundiales de la especialidad para jugadores de futbol o béisbol; índices de productividad o de inversión para las economías mundiales… todos compiten con el objetivo de ser el mejor. 

 

Pues el toreo tiene su mundial, que es la Feria de San Isidro, y con los resultados obtenidos por nuestros toreros mexicanos, se confirma que no pasamos por un buen momento. Madrid nos ubica en nuestra lamentable realidad: de cuatro toreros mexicanos, sólo uno triunfó. 

 

Exceptuando la notable participación de Leo Valadez, los espacios ofrecidos a los nuestros no fueron aprovechados. De nada sirvió que el empresario Pedro Haces impusiera la contratación de El Payo y Arturo Saldívar, toreros de mucho recorrido en nuestro país que se toparon con la verdad de la fiesta: el toro serio (que no se lidia en nuestras plazas) y la exigencia de una afición que paga un boleto para ver torear bien, no para observar trapazos, medios pases y florituras sin sentido. 

 

La actitud de Octavio no fue la que se espera de un torero cuando hace el paseíllo en Las Ventas y si bien la materia prima de aquella tarde no ofrecía las garantías de triunfo, el queretano pudo hacer más con su primer toro. De Saldívar, la colocación y el aseo son temas que tiene como áreas de oportunidad. 

 

En lo que respecta a Isaac Fonseca, el consenso general es que su forma de interpretar el toreo es arrebatada, casi tremendista. Con esas cartas confirmó su alternativa y sin embargo su paso no fue de puntillas. Él ya tiene algunas fechas firmadas en más plazas españolas. Su presentación en la Feria de San Fermín será un bálsamo que pueda relanzar su carrera. 

 

Reflexionar con profundidad y replantear las estrategias de estos matadores, así como de  todos aquellos que aspiran a anunciarse en la primera plaza del mundo, es una tarea impostergable. Ahí está el ejemplo de Valadez, quien, sin hacer mucha alharaca, avanza con firmeza rumbo a ese sitio codiciado de ser figura del toreo en Europa y México. ¿Cuál es el secreto? Disciplina, entrenamiento constante y succionar de raíz las ínfulas de grandeza que tanto daño le hacen a los toreros.