¡Es la economía!
“El comunismo es la división del carnicero: Mata lo que reparte”
Víctor Hugo, en Los miserables
Iván López
La monolítica frase que comienza este texto fue escrita por el gran escritor francés alrededor de la década de 1860, basada en episodios de los que él fue testigo en primera persona, la cual narra en sus novelas. El comunismo, también conocido como socialismo, la izquierda pues, tiene mala fama como administradora, y como decía la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, “el socialismo sólo dura hasta que se les acaba el dinero de los demás”, porque sus ideas económicas no son buenas creando riquezas, sino únicamente para tomar por la fuerza aquella que es generada por el sector productivo del país, hasta dejarlo exhausto y provocar su desaparición, por quiebra o fuga de capital.
Hoy somos testigos de eso: El Fondo de Emergencia del gobierno federal –creación “neoliberal” por cierto– no es más que una sombra de lo que fue aquel diciembre de 2018, cuando el actual gobierno federal dio sus primeros pasos. Ya en 2019 múltiples especialistas advirtieron el riesgo de utilizar esos fondos en programas mal llamados “sociales” que regalaban dinero a una base electoral sin exigir obligaciones más allá de garantizar el voto por el partido gobernante, maquillado de una manera burda.
Estos recursos, cuyos nombres oficiales son Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios y Fondo de Estabilización de los Ingresos de los Ingresos de la Entidades Federativas, no suman ni siquiera al 10% del nivel en que los dejaron los gobiernos del pasado, los cuales llegaron a ser 280 mil millones de pesos, según datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).
Estos expertos señalaron que, al ritmo actual resultante de la combinación del –raquítico– crecimiento económico y los excedentes del Banco de México, se necesitarán 14 años para recuperar el nivel de 2018. Sólo cuatro años bastaron para tirar a la borda el manejo adecuado de las finanzas públicas en cuestión de ahorro.
Y si convertir las riquezas en pozos sin fondos no fuera suficiente, ahora vemos la postura del gobierno federal de oponerse al establecimiento de la automotriz Tesla en el norte del país, particularmente en el estado de Nuevo León, alegando escasez de agua, “sugiriendo” –así entre comillas, porque es un tono similar a “Forzando”– a que se establezca en el sur alegando ausencia de agua.
Acá en el norte los trabajadores del sur tienen buena fama como disciplinados y mejores trabajadores que los locales, pues están aquí atraídos por los mejores sueldos y por las prestaciones sociales que no se encuentran en Oaxaca, Chiapas y Veracruz, entre otros. Lejos de vivir el Sueño Americano, viven el sueño mexicano y desde Monterrey, Saltillo o Ramos Arizpe –que pagan los mejores sueldos del país– entre otros, envían remesas a sus familias, a las que con el tiempo mandan traer consigo y con ello han generado el crecimiento poblacional de estas metrópolis.
Y aunque el sur cuenta con agua y mano de obra, carece de ‘economías de escala’ concepto económico que significa que una inversión sea más rentable, no sólo por sí misma, sino por el hecho de establecerse en una zona en el que la simple presencia de otras empresas y servicios complementarios garanticen el éxito de la misma.
Pocos lugares de México cuentan con esta ventaja comparativa, y más en la industria automotriz, donde solamente rivaliza el Bajío, pero el norte cuenta con la envidiable ventaja de tener frontera con Estados Unidos. Desde Monterrey, capital de Nuevo León, hasta el parque industrial de Derramadero, Coahuila, ya en límites con Zacatecas –que nunca ha sabido aprovechar esa ventaja– se cuentan con múltiples industrias automotrices y sus proveedores, capaces de dar soporte a una empresa de punta como es Tesla, y en cuanto al agua, Saltillo y alrededores –situados a menos de 90 kilómetros de distancia– a diferencia de la Sultana del Norte, no sufrieron de su escasez y por el contrario, realizaron envíos de pipas a su vecino en apuros. El problema no es cuestión de agua, es de visión económica, tan simple y llano.

