Juan Ortega: torero para toreros
Carlos Saucedo Medrano
La sociedad postrevolucionaria se daba la gran vida: fastuosos cocteles en las grandes mansiones de la capital del país, viajes a Acapulco –ese destino virgen que acogía a la nueva burguesía–. Destacaban también las sabrosas tertulias en los cafés y salones más importantes de aquella bullante ciudad. Entre esas charlas, los intelectuales que tenían conocimiento de las tendencias literarias de Europa, aprovechaban para dar cátedra de sus conocimientos entre sus contertulios. El término “introductor” era propio de quienes exponían las obras de autores poco conocidos en nuestro país.
En esta colaboración hago uso del término para escribir sobre Juan Ortega: hoy soy un introductor del torero sevillano, presento su obra ante los diletantes del toro en Zacatecas, quizás sea de su interés. Juan ya fue referente de las tres últimas temporadas taurinas en España y quizás esta de 2023 no sea la excepción.
El torero de Triana me llamó la atención gracias a un reportaje del programa Tendido Cero. En él, Ortega reflexiona sobre su concepto del toreo, mismo que se sustenta en una palabra muy repetida por los aficionados españoles: la pureza. Después lo vi en corridas televisadas y me conmovió su personalidad y el temple que poseen sus muñecas, sobre todo la excelente colocación al momento de citar a los toros.
La despaciosidad con la que torea Ortega es digna de elogios, aunque va más allá: es el extracto de la savia para una vida en armonía. Verlo torear motiva a ser cauto, a que el tiempo no te agobie por más prisas que tengas, a ralentizar el inexorable paso de la vida.
Influenciado por Juan Belmonte, Ortega va en la búsqueda del toreo bueno, esto es, la ejecución de los lances y pases con absoluta naturalidad. Esto lo pudo reflejar en el año 2020: la plenitud de la covid-19 no fue obstáculo para que algunas plazas de España dieran corridas de toros. Fue en septiembre cuando Juan dibujó una faena de altos vuelos en la plaza de Linares. La transmisión televisiva del festejo ubicó al torero en los reflectores de la prensa especializada y de la afición, lo que le valió para verse anunciado al año siguiente en los carteles de postín de Madrid y Sevilla.
Y la Maestranza lo catapultó: con dos series de verónicas a un toro de Juan Pedro Domecq puso la plaza boca abajo en un mano a mano con Morante de la Puebla. De ahí un 2022 cargado de carteles aunque sin la cuenta de triunfos esperada.
Este año, Juan –excluido de los carteles de la feria de San Isidro– ha dado la nota con sus actuaciones en Valdemorillo y Málaga. Mañana miércoles regresa al coso del Baratillo; con la ilusión renovada de muchos de sus partidarios para verlo bordar el toreo. Que así sea.
