La alhóndiga de Zacatecas
Jesús Domínguez Cardiel
El almacenamiento de granos y abastecimiento de alimentos es una necesidad constante para el sostenimiento de la población. La ciudad de Zacatecas no es la excepción y desde su fundación existieron lugares que funcionaron como alhóndigas.
Los edificios donde se ubicaron no siempre estuvieron en las mejores condiciones, algunos tenían filtraciones y otros amenazaban ruina debido a los materiales con que fueron construidos; adobe y madera principalmente.
Desde 1548, año en que comienzan los asentamientos permanentes en la ciudad, hasta casi finalizar el siglo XVIII, la alhóndiga estuvo en algunas casas acondicionadas como bodegas. No se tiene noticia del lugar exacto en el que se encontraban ubicadas, si fue una o varias, pero algo seguro es que estuvo en las principales calles de la ciudad, por ejemplo en la plaza principal o la calle de Tacuba.
A raíz de los cambios ocasionados en el periodo conocido como reformismo borbón, las autoridades locales, en específico el intendente Francisco Rendón, se encargaron de buscar un lugar perene en el que se ubicara la nueva alhóndiga.
Después de varios litigios y enconos entre el intendente y el ayuntamiento, se decidió y logró comprar un terreno enfrente de la plazuela de Villarreal (hoy Independencia). Para ello y tener la manzana completa, se compraron algunas casas que fueron derruidas para tal efecto, asimismo se tuvo que construir un puente, el cual aún es visible y transitado a diario, éste se ubica en la calle del “puente nuevo” (hoy Aldama), para encauzar los escurrimientos naturales que arribaban desde la mina Quebradilla y se juntaban con el embovedado principal.
La construcción inició en 1801 y se terminó a finales del año 1810. Tuvo muchos retrasos debido a la falta de liquidez, esto causó que los avances sufrieran desperfectos por lo que el costo aumentó, no obstante y después de haber recurrido al fondo de propios y arbitrios del ayuntamiento (impuestos y rentas locales), se logró concluir con un costo mayor a los 90 mil pesos de la época.
El edificio es de una sola planta con un estilo arquitectónico neoclásico, consta de dos secciones y más de 40 salas y la orientación es norte-sur para evitar el pudrimiento de los granos debido al ingreso del sol durante gran parte del día por medio de las ventanas; finalmente, los materiales usados fueron piedra en su mayoría, cantera, hierro para las ventanas y balcones, así como estuco y pinturas.
Con el paso del tiempo tuvo varios usos, tales como fábrica de tabacos, escuelas, presidencia municipal y biblioteca. Actualmente es la Casa de Cultura municipal, sin embargo, la mitad del edificio mantiene algo de su función inicial, pues es el famoso mercado Laberinto, y aunque tiene el nombre de un famoso poeta sugiero lleve el nombre de su principal impulsor.

