La rondalla
Jesús Domínguez Cardiel
Corría el año 2003, algunos muchachos comenzaban a aprender sus primeros acordes para ejecutar la guitarra. Unos tenían más habilidad que otros, pero las intenciones eran grandes y todos querían mejorar.
Aquel grupo de jóvenes estaba conformado por integrantes de varios grupos de una secundaria; de primero, otros de segundo y unos más de tercero. Eran de diferentes letras obviamente, pero en los recesos y al finalizar las clases se reunían para practicar.
Las casualidades son parte de la vida y para esta ocasión sucedió una, ya que una maestra se acercó, primero comentó que “cantaban y tocaban muy feo”, por lo que les iba a enseñar. El grupo no creyó y tras ese primer acercamiento continuaron en la idea de cantar y aprenderse canciones de moda.
No podía faltar en aquel repertorio Tatuajes, Reloj y los que más sabían Wendoline. No se tenía la idea de cómo integrar las primeras guitarras o las voces de manera armónica y quienes hacían requintos daban cuenta de mucho talento, pero poca técnica.
La maestra se volvió a acercar y esta vez, movidos por la curiosidad y más que nada por la idea de formar una rondalla, el grupo aceptó la invitación y comenzaron los ensayos formales.
Las prácticas se hacían al término de las clases, es decir, a las 2:40 de la tarde en el audiovisual de la escuela, terminaban a las 4:00 de la tarde, pero lejos de salir cansados, daban muestras de motivación y en el trayecto a sus casas continuaban ejecutando las nuevas canciones.
Con el paso del tiempo se integró otro maestro, era externo a la institución pero virtuoso y magnífico ejecutante de la guitarra, ubicó a todos los integrantes no sólo en la forma de tocar el instrumento, sino en el tipo y tesitura de voz. Se dio un salto de calidad muy grande y con ello, las presentaciones fueron más continuas.
No teníamos un vestuario específico, pero gracias a las gestiones de la maestra y el profesor, se consiguieron camisas. Estuvieron muy grandes y para el cuerpo de los chicos de secundaria eran inutilizables. Después compraron otras y ya eran adecuadas.
En cuanto a las canciones, la variedad fue ampliándose al igual que los géneros: huapangos, boleros, rancheras, algunas norteñas y hasta alguna de moda. La mayoría eran del gusto no sólo de los integrantes, sino del público, pues no sólo había presentaciones en la secundaria, sino en plazas y teatros del estado.
Pero llegó la oportunidad de asistir a un concurso de Rondallas en la ciudad de Puebla. Las expectativas fueron amplias y todo el viaje una experiencia enorme. Viajamos en conjunto con otras agrupaciones de Zacatecas y se observó que la percepción de lo que era una rondalla era distinto. Aun así, en el evento hicieron una participación aceptable.
La rondalla Guitarras de Plata, conformada por mis amigos y su servidor, la maestra Cuquis y el profesor Martín, continuó por algún tiempo más, pero la vida nos llevó por diversos caminos que terminaron por desintegrarnos. A la fecha, todos tenemos contacto y en ocasiones nos reunimos para platicar y volver a tocar aquellas canciones y otras más de nuestros gustos.
Sin duda de 2003 a 2008 aproximadamente pervivió la agrupación completa. Una maravillosa etapa.

