Las corcholatas andando
Carlos Peña Badillo
Se ha formalizado ya el comienzo descarado de posicionamiento de las “corcholatas” presidenciales que desde Morena –y según parece reconocidas por el presidente Andrés Manuel López Obrador– estarán recorriendo el país para buscar la simpatía y respaldo de la militancia morenista a efecto de ser quien encabece la candidatura a Presidente de la República en el año 2024.
Si bien no falta mucho para comenzar el proceso electoral, quienes hoy aspiran a ser la corcholata elegida, tienen responsabilidades importantes de conducción y alto impacto en el contexto nacional. Los problemas que hoy tenemos las y los mexicanos no son menores. Esto obliga a que lo más sensato en este momento no es aspirar, sino concentrarse en trabajar y hacer la parte que les toca para acompañar desde su trinchera; caso contrario si su prioridad es estar en la boleta electoral, la urgencia a que se separen de sus cargos y se apliquen en la construcción de su proyecto, debiera ser inminente.
Ricardo Monreal ha logrado, después de muchos berrinches y posturas encontradas, que lo anoten en esa lista de posibles sucesores de López Obrador; quizás es él quien mayor libertad pudiera tener para movilizarse en actos proselitistas en el territorio nacional. Su día a día se centra en ser el artífice de cuadrar una agenda legislativa integral y debatir los temas que en ocasiones construidos con la oposición y en otros votados por la mayoría que significan los morenistas y sus aliados, acompañan los tiempos complejos que enfrentamos como nación.
Tenemos a la favorita, hoy con la no fácil tarea de gobernar la Ciudad de México con todos los problemas que sí tiene. Por ello, Claudia Sheinbaum debe valorar muy bien si continúa en ese esquema de no separarse de su encargo y abandonar cada fin de semana su tarea de llevar las riendas de una compleja CDMX que abunda en adversidades de inseguridad, viales, sociales y gubernamentales que no permiten se minimicen por una aspiración personal.
Qué decir de Adán Augusto López, que sobre sus espaldas pesa la alta obligación de ser el segundo de abordo en Palacio Nacional y la vida interna del país, con una crisis de inseguridad desbordada, con todo lo que significa tener sobre su escritorio los temas más delicados que suceden en las entidades federativas, municipios y cada situación compleja que se presenta en el mapa de la República. ¿Será justo que todo ello y más que falta, pase a segundo término? La verdad –desde mi óptica– o precampaña o secretaría de gobernación, el horno no está para bollos.
Marcelo Ebrard, quien desde la atención a la política exterior, podrá ser menor su demanda y exigencia laboral, lo que le permita repartir su “valioso tiempo” para promoverse. Pero porque no soltar ya esa encomienda y poder aplicarse, no de medio tiempo a la política diplomática, sino todas las horas del día a mejorar su posicionamiento. La respuesta es clara, para qué decir adiós, si estamos en la historia donde a los cercanos al Presidente se les permite todo, hasta transgredir la ley.
Urge que se tomen decisiones y se llame al orden y respeto para con las, los y les mexicanos. No estamos en condiciones de que México y sus retos sean el segundo plato para ningún aspirante presidencial por corcholata que resulte.

