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Libre mercado e inversión, solución de todos los males
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Libre mercado e inversión, solución de todos los males

Iván López

En los últimos años, América Latina ha visto como partidos de izquierda, tras superar una crisis, lograron alzarse con el triunfo presidencial en la mayoría de los países de la región. Sus políticas son contrarias al libre mercado, es decir, a que las empresas vendan bienes y servicios de manera libre, sin intervención pública. Estos nuevos gobiernos tienen programas muy similares, desde el norte hasta el sur, incluyendo la intervención gubernamental en los precios de diversos bienes, comenzando con algunos básicos y tarde o temprano, todos terminan escalando hasta abarcar casi todo. Ejemplos hay muchos.

 

Prometer bajar los precios garantiza votos, pero también finanzas débiles si no se busca como tapar eficientemente el hoyo que la primera política provoca. Lo que suele suceder es que el gobierno abre un pozo nuevo para tapar el anterior y así sucesivamente. Y se crea una burocracia nueva para cada hoyo abierto y sus sucesores y se cacaraquea cada hoyo nuevo como un apoyo para los pobres, aunque el presupuesto público se vaya pique.

 

Pero todo tiene un límite y tarde o temprano el dinero público se agota para hacer frente a tantos gastos, eufemísticamente llamados “sociales”. Las salidas fáciles son dos: aumentar impuestos y contratar deuda. La primera  espanta la inversión, ya de por sí muy limitada tras la invasión de sus actividades comerciales por parte del gobierno, vendiendo sus productos  por debajo de su costo, haciendo quebrar a empresas y  ocasionando la pérdida de miles de empleos.  

 

El control de precios causa cierre de empresas y escasez, ya que nadie quiere invertir en producir un producto que va a tener que vender más barato de lo que le costó. Y no hay país que aguante una situación así por mucho tiempo. Hay cientos de ejemplos históricos y no aprendemos. Pero a simple vista hoy contamos con dos.

Tanto Cuba como la República Bolivariana de Venezuela han pasado por todo eso y enfrentan escasez de productos y de divisas para producirlos, a pesar de ser ricos en recursos naturales. 

 

Hay un viejo chiste que dice: “¿Con que se iluminaban los socialistas antes de las velas? ¡Con electricidad!”, y eso es lo que está pasando hoy en Cuba, donde  el paso de un huracán y la pésima gestión de su sistema energético han dejado en penumbras a grandes partes de la Isla. Tal ha sido la crisis, que en noviembre pasado se abrió una feria más (hubo otra durante la pandemia) para atraer inversiones privadas al paraíso caribeño y hubo hasta empresas estadounidenses interesadas, sumado a diversas medidas parciales cada vez más atrevidas para regresar el libre mercado y con ello, el capitalismo a la tierra de Castro, incluyendo la cooperación extranjera en la industria petrolera desde 2019.

 

Misma fórmula está aplicando Venezuela, que ha ofertado la venta de acciones de diversas empresas gubernamentales para que sean adquiridas por privados, extranjeros incluidos, y para sorpresa de muchos, las empresa petroleras forman parte del paquete, sí, la “joya de la soberanía” en todo programa izquierdista, México incluido, está en venta tanto en Cuba como en Venezuela, al igual que muchos sectores que se han empobrecido por sus ineficientes políticas económicas, fue una lástima que tuvieran que pasar décadas de hambre, sufrimiento y pobreza de su pueblo para que se dieran cuenta.