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Los espontáneos en la fiesta de los toros
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Los espontáneos en la fiesta de los toros

Orejas y rabo

 

Carlos Saucedo Medrano 

curromedrano05@gmail.com

 

Con el trajín de los días y la velocidad de la información germina la necesidad de distinguirnos de los demás. Tomamos la bandera de la autenticidad y se esmera en sortear los baches de la tautología y de los lugares comunes. Sin embargo, esta colaboración no podría entenderse sin tocar un concepto repetido en el mundo de los toros. Una palabra con tintes epopéyicos que también sirve en la caracterización de un movimiento dentro de la literatura universal: el romanticismo. 

 

La fiesta de los toros en México vivió dos momentos que llamaron la atención en días recientes: el inicio de una huelga de hambre a cargo del novillero Efrén Rosales y el sorpresivo brinco del matador Michelito Lagravere en el ruedo de la Monumental de Mérida para torear de espontáneo. Ambos piden una oportunidad de presentarse en sus respectivas tierras. 

 

Para tener el arrojo de emprender estos caminos hace falta valor y no sólo el valor para ponerse frente a la cara del toro, sino también aquel que entraña exponerse al maltrato de la autoridad, los profesionales e incluso algunos aficionados que, desde la cómoda silueta de un sillón, señalan sin argumentos las gestas románticas de estos hombres. 

 

Lo espontáneo reaviva el aletargado y a veces monótono transcurrir de los hechos taurinos en nuestro país. Incluso, con añoranza nos hacen echar la vista atrás y así traer a la memoria las imágenes de otros profesionales que, al ya no ver opciones para poderse acartelar en las corridas o novilladas, recurrían a manifestaciones similares. El ejemplo claro de esta lucha sin cuartel fue el bien recordado Rodolfo Rodríguez, El Pana

 

La guerra sin cuartel de Rodolfo ejemplifica que la edad no es una limitante para pedir oportunidades. Los toreros se curten y sus vivencias marinan la textura de sus manos al momento de interpretar el toreo. Es duro sentenciar, sin que sea una fórmula comprobada, que a mayor sufrimiento también es mayor el grado de expresión que alcanzan los toreros. 

 

Aunado a ello, la crítica situación por la que pasa la fiesta de los toros en México no da cabida para ser inquisitorios con Lagravere y Rosales, al contrario: su esfuerzo puede, debe ser respaldado para que logren las anheladas oportunidades. Después, en sus manos estará aprovecharlas para dar un buen golpe de timón que redireccione sus carreras. 

 

Que este breve texto sirva de apoyo a todas y todos los toreros que siguen en la búsqueda de oportunidades. Mientras aún habite en ellos el sueño de expresar sus hondos sentimientos a través de la práctica del toreo, nuestra fiesta mantendrá la esperanza de recuperar su grandeza.