Rafael Ortega, el torero consentido de Zacatecas
Carlos Saucedo Medrano
La repentina muerte de Rafael Ortega, torero tlaxcalteca y una de las más importantes figuras de la baraja mexicana, conmocionó a la afición de Zacatecas. Su deceso, acaecido la semana pasada en Estados Unidos, deja un profundo pesar en el sector y en toda una generación que lo vio triunfar con mucha fuerza en nuestra Plaza Monumental.
Entre ese conjunto de nuevos aficionados que desde niños se maravillaron con la fiesta brava, se encuentra un servidor; y en mucho se debe a toreros con el pundonor y conexión que poseía Rafael Ortega. Como ejemplo queda la brillante forma en la que cubría el tercio de banderillas: cuando le tocaba apretar a sus alternantes; se iba a tablas, cortaba los garapullos en el borde de las maderas y esperaba a que le cerraran en toro para clavar al quiebro en todo lo alto, provocando la locura en los tendidos que no dejaban de corear el consagratorio “¡Torero! ¡Torero!”.
Imaginen a un niño de 7 años, acompañado por sus padres y sus abuelos, que no comprende mucho de distancias ni terrenos y que menos sabe diferenciar un buen muletazo de un simple trapazo; a ese niño el par al quiebro lo emociona, lo hace pararse de su asiento para aplaudir junto al gran público que se rinde ante la maestría del torero tlaxcalteca. Esa es la emoción más auténtica del toreo; eso provocaba Ortega.
Rafael Ortega fue un consentido de la afición de Zacatecas, no sólo de aquella que vive en la zona conurbada, sino de todo el estado. Y es que el oriundo de Apizaco llegó a ser columna vertebral de las ferias de Jalpa, Jerez, Juchipila, Tlaltenango, Fresnillo, Pánfilo Natera, Villa de Cos, Sombrerete, entre otras más, pero su feudo fue la plaza de la capital.
La gran rivalidad que mantuvo con Eulalio López, El Zotoluco, acabó el boletaje en todas las tardes en las que compartieron cartel. Su primer mano a mano en el coso de cantera se registró el 16 de septiembre de 2004, resultando triunfador absoluto el torero tlaxcalteca al cortar cinco orejas y rabo a una corrida de Los Encinos. En el año siguiente se repitió el célebre cartel con una corrida de Reyes Huerta y de ahí en adelante rivalizaron en más de cinco ocasiones.
El altercado que protagonizaron en el Hotel Quinta Real queda como uno de los últimos episodios de pasión taurina. Su trifulca no hizo más que avivar la expectación por verlos en el ruedo y eso le vino muy bien al toreo en general.
Rafael Ortega se despidió del público zacatecano el 22 de septiembre de 2013. El sonido de las golondrinas y su terno grana y oro evocan la efeméride que hoy, a días de su partida, cataliza la sensibilidad y el llanto de quienes fuimos sus partidarios y de igual manera, el respeto y admiración de profesionales, empresarios y ganaderos de esta tierra colorada.

