Soy feminista
Luna Nueva
Lucía Dinorah Bañuelos
Hace unos días me dijeron feminista en tono despectivo, claramente para ofenderme, pero para sorpresa mía y de mi interlocutor no me ofendí, aunque la verdad nunca había pensado en mí así.
No me consideraba feminista porque no pertenezco a ningún movimiento que defienda los derechos ni la dignidad de las mujeres, porque no salgo a las calles a marchar para hacer visibles tantas asignaturas que siguen pendientes ni hago pronunciamientos al respecto.
Sin embargo, analicé el calificativo que yo sentía tan ajeno a mí porque lo veía sólo como un movimiento político-social-cultural y lo hice muy mío.
Es cierto: Soy feminista porque hago valer mis derechos, porque –literal– no tengo ni necesito un hombre a mi lado que me haga valer o para que me defienda, porque soy una de esos millones de mujeres en el mundo que se vale por sí misma para ser y estar, que trabaja dentro y fuera de casa, que se divierte y toma sus propias decisiones. Y no necesito un trato especial, sólo un trato respetuoso.
Honro a esas mujeres que se hicieron visibles, aun a costa del rechazo social o incluso de perder su vida, para que yo hoy pueda tener la vida que tengo en la que puedo pensar libremente y expresarlo, para que tuviera acceso a la educación, para ganar mi propio dinero y gastarlo como quiera y en lo que me plazca (bueno… es un decir, como mamá siempre tendrán prioridad las cosas de mis hijos).
Me pude divorciar y viví con un hombre sin casarme, usé anticonceptivos, manejo un auto, he viajado largas distancias sin compañía masculina y puedo hablar de sexualidad sin ruborizarme.
Viéndolo por ese lado me declaro feminista, porque no me imagino vivir como mis abuelas que vivieron –o más bien sobrevivieron– a la sombra de sus maridos, maltratadas, vejadas, humilladas… pariendo hijos toda su vida reproductiva porque Dios así lo quería, ahogando sus aspiraciones, sus anhelos, sus deseos…
Sin embargo, he de aclarar que no odio a los hombres. Cierto, he tomado a lo largo de mi vida malas decisiones y he elegido mal a quien pretendí tener como compañero de vida, en defensa mía puedo decir que fue inmadurez, inseguridad, soledad, temor… pero tengo la plena seguridad que no todos los hombres son malos, en mi vida hay hombres que son un amor.
Sí, soy feminista, pero también soy una mujer apasionada y soñadora, por lo tanto también me declaro femenina y estoy a favor del respeto por mí y por los demás, me gusta que me conquisten, que me regalen flores, que me hablen bonito y dado el momento, que me tomen de la mano para caminar.
Me gusta ver películas románticas y lloro con escenas “llegadoras” y no pierdo la esperanza de que en algún momento llegará el indicado, aunque sea una jovenzuela de la tercera edad (jeje), ese hombre que calce como la canción de Roberto Carlos, Amante a la antigua, y me lleve serenata a la luz de la luna y me abra la puerta del auto y le brillen los ojos cuando me vea… en fin, dicen que las cosas pasan cuando deben pasar, ni un minuto antes ni un minuto después.
Quien quiso hacerme daño llamándome feminista me hizo un gran favor: descubrí que sí, soy una feminista muy femenina que ama la vida más allá de un movimiento social-político-cultural-filosófico.

