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Tres escuelas públicas del siglo XVIII
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Tres escuelas públicas del siglo XVIII

 Jesús Domínguez Cardiel

La necesidad de instruir a la niñez en escuelas públicas se hizo presente a partir de la Ilustración.  En Nueva España había escuelas las cuales en su mayoría eran administradas y dirigidas por eclesiásticos; en el caso de Zacatecas se fundó casi al finalizar esa centuria el Colegio de San Luis Gonzaga bajo el cobijo de la orden jesuita.

No obstante, no todas las personas podían acceder a la educación que ahí se brindaba, ya que era elitista y sólo los hijos de algunas familias con recursos tenían acceso, aunque también conviene resaltar que no eran los hijos principales o herederos, sino aquellos que no podían administrar los bienes, por lo tanto se entregaban a la religión o las carreras de foro (leyes principalmente).

Con el cambio de dinastía en España, recordemos que en 1700 termina la dinastía de los Austrias y llegan los Borbones, así como las ideas ilustradas, se pensó en dar una instrucción de manera general a los niños y niñas de cualquier estrato social, por eso se abrieron escuelas públicas.

En el caso de la ciudad de Zacatecas se tienen noticias que existían dos escuelas que eran dependientes, una del convento de los franciscanos y otra de los jesuitas, por lo tanto no tenían el carácter de públicas gratuitas, no obstante, con la nueva legislación que comenzó en el año de 1787 se abrió una más y las primeras pasaron a la administración del ayuntamiento.

Así, las tres escuelas se ubicaron a lo largo de la ciudad para dar oportunidad de que la mayoría de los niños pudieran asistir a ellas. Una se ubicó en el barrio de San Francisco al norte de la ciudad, otra en la plaza de la Pirame o Pirámide, es decir la plaza principal en el centro y la otra en la calle del Gorrero (hoy Juárez).

Lo que ahí se enseñaba principalmente era: leer y escribir, las operaciones básicas de la aritmética, suma, resta, división y multiplicación; por su parte, a las mujeres se les instruía además de lo anterior, en labores “mujeriles” tales como tejer y coser. Los establecimientos recibieron subsidios del ayuntamiento que no siempre eran suficientes, por eso se les pedían cuotas a los padres, esto causó descontento y muchos prefirieron llevarlos a trabajar junto con ellos.

Aun así, la apertura de los tres establecimientos ya mencionados indica que desde finales del siglo XVIII una incipiente educación pública comenzó a laicizarse, aun antes de la independencia.