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Una pintura por la Purísima Concepción
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Una pintura por la Purísima Concepción

Rara avis: letras, arte y cultura novohispanas

 

Salvador Lira

Las representaciones de la Purísima Concepción fueron múltiples durante la Edad Moderna en la Monarquía Católica. Quizá, el factor decisivo de este hecho fueron los conceptos de defensa de la Pietas Austriaca, en cuanto al misterio de la Eucaristía y la Inmaculada Concepción, que en perspectiva dio diferencia a los tipos de religiosidad en otras partes de Occidente. También, el enclave decisivo posterior al Concilio de Trento, en cuanto a que las obras de arte debían estar al servicio del dogma. 

 

A la imagen de la virgen, en sus representaciones libre del pecado original, son múltiples y con amplios motivos, que hacen referencia a espacios bíblicos, así como reelaboraciones iconográficas. Tómese el presente caso de Francisco Carrillo, una pintura depositada en el Museo Nacional de las Intervenciones de la Ciudad de México. Se trata de una pintura de caballete, óleo sobre tela, de 168.5 x 109.4 cm. 

El retrato muestra a María con una proposición facial detallado, sostenida por querubines. El espacio tiene elementos iconográficos, como el espejo, la azucena o la puerta del cielo. Está revestida de sol, en cuanto a que es una de las consideraciones distintivas que se encuentran en el relato del Apocalipsis de San Juan. 

 

Aunque, quizá, el rasgo peculiar de la pintura es su espacio oscuro, iluminado en los detalles lumínicos por la virgen. Por un lado, tiene una plena intención técnica, en tanto que a partir de ello se da centralidad a la imagen principal. Por otro lado, el factor simbólico es relevante, puesto que los retratos y representaciones marianos desde el Medioevo tuvieron la particularidad de presentarse en espacios oscuros, dado que el parto de la luz se apertura con ellas. De allí que tenga un gran calado significativo la propuesta simbólica de luz y sombra, oscuridad y brillo, que se reitera con el manto estelar en contrastes luminosos que porta María.