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¿Y si Tesla hubiera llegado a Zacatecas?
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¿Y si Tesla hubiera llegado a Zacatecas?

Iván López

 

La semana pasada se confirmó el establecimiento de una megafábrica de la marca de autos eléctricos Tesla en Santa Catarina, estado de Nuevo León. Los beneficios que dejará su construcción y operación serán enormes, con alrededor de 35 mil empleos directos e indirectos, siendo además la primera fábrica de su tipo en América Latina y la tercera fuera de Estados Unidos —donde hay dos— después China y Alemania.

 

Se espera un crecimiento importante del Producto Interno Bruto y una mayor especialización de los parques industriales de Coahuila y Nuevo León, que ya cuentan con fuerte especialización en la industria automotriz, que, entre otros, incluyen plantas de Chrysler, General Motors, Daimler y muchos de sus proveedores.

 

Conocidas son las fricciones recientes en donde se le quería obligar a establecerse lejos del norte de país, para llevarlo a zonas con más agua, pero las economías de escala —acumulación de múltiples empresas del mismo giro que hacen que cualquier inversión complementaria nueva sea más rentable que si escoge cualquier otro lugar— obligaron a respetar la decisión de localización de dicha empresa, y aunque el Gobierno Federal cedió, aún quedan algunos opositores a dicha inversión, que esperarán momentos políticos para resurgir y sacar provecho.

 

Supongamos que Tesla hubiera decidido instalarse en Zacatecas, supongamos porque no lo está, pero imaginemos que sí —como decía aquel memorable meme— pensemos que, por alguna razón, nuestro desindustrializado e inseguro estado hubiera llamado la atención de Elon Musk y decidiera instalarse en las tierras de cantera y plata, ¿qué hubiera pasado?

 

Seguramente al día siguiente de anunciar su interés veríamos conformados a grupos “ciudadanos e independientes” —así, con comillas— citando a conferencias de prensa en el Mercado Gonzalez Ortega o en la cafetería que ahí se encuentra, haciendo declaraciones no solicitadas sobre los supuestos males que traería al estado el establecimiento de esa empresa, insignia del capitalismo salvaje y voraz: robo del agua, despojo de tierras, saqueo de minerales y explotación de mano de obra —vaya, con esos sueldos, ¡por favor, que me exploten a mí también!— y no faltaría quien sacara el tema de la soberanía alimentaria y hasta su enfrentamiento con el heteropatriarcado opresor.

 

Pero no sería sólo un grupo opositor a la mutinacional, surgirían varios, todos ellos enemigos de Tesla y todos ellos rivales entre sí, estudiantes y maestros universitarios, activos y pensionados; distintos sindicatos, muchos sin vela en el entierro, pero muy “solidarios” con los futuros y desconocidos oprimidos, maestros grillos de educación básica, partidos políticos grandotes y los marginales, pseudo luchadores sociales, frentes populares/sociales con muchas letras, todos aquellos que puedan juntar gente para gritar en las calles buscarán una tajada, competirán por ver quién es el más revolucionario, mas antiglobal y más “nacionalista” en su oposición al gran capital internacional, con marchas y bloqueos de bulevar a cada rato y sin ser molestados, mientras que secretamente presionarían para que la inversión se dé en municipios que ellos dominen, que el sindicato que se establezca sea el de ellos, que la empresa de transporte de personal sea la suya o al menos de alguien de su partido —previa comisión, of course—, que la fábrica se establezca junto a los ejidos que les son incondicionales o que sus propiedades se incluyan en el proyecto o al menos, obtener información de primera mano que les dé tiempo para comprarlas baratas, todo se vale.

 

En las múltiples conferencias y revoluciones de café mostrarán fotografías de Internet de niños con enfermedades raras, causadas por dicha empresa en otro lados del mundo, que pronto olvidarán una vez que su chantaje surta algún efecto, una orden de arriba bastará para alinearlos y si no les gusta lo ofrecido se movilizarían una semana más para subir su precio: candidaturas, promesas de candidaturas, ofertas de alguna tajada de pastel. Varios van a ser engañados, no hay huesos para todos, pero servirá para calmar las aguas. No hay mejor manera de conocer a un buen tragón, más que en la forma en que agarre el taco y presionarían desde el inicio para medirle el agua a los camotes. No importa el empleo generado, el efecto multiplicador de la inversión, la riqueza creada, sólo importaría una cosa “Yo”, recordando aquella frase que tanto recuerda a nuestra gente: “O bien vendido o bien podrido”. Se ha visto muchas veces, estemos seguros que volvería a ocurrir.