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Códigos rituales para entender el alzamiento del pendón de Hidalgo (1811)
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Códigos rituales para entender el alzamiento del pendón de Hidalgo (1811)

Rara Avis: Letras, Arte y Cultura Novohispanas

Salvador Lira

Se suele anteponer, como parte de la historiografía positivista y oficial, el inicio del proceso de Independencia en el hecho histórico de la madrugada del 16 de septiembre de 1811. No obstante, como ya otros investigadores lo han señalado, en realidad responde a un proceso histórico de mayor envergadura, que podemos situar sus orígenes al menos en la transición legal de las Reforma Borbónicas un siglo anterior, así como las estructuras en el virreinato. Lo mismo sucede en cuanto a los procedimientos simbólicos, entendidos también como procesos de larga duración.  

Esta articulación es nodal pueda ser entendida, en cuanto al simbolismo que encierra el alzamiento que inclusive ahora se lleva a cabo como parte de un ejercicio de identidad, por boca del poder Ejecutivo en los niveles Federal, Estatal y Local. El ritual del “Grito de Independencia” y su visualización tiene su pleno origen con el ritual de aclamación y jura del monarca, establecido por Isabel La Católica en Segovia y posteriormente confeccionado por la etiqueta borgoñesa en Sevilla en honor a Carlos V y a Juana La Loca.

El ritual, plenamente identificado en Nueva España, consistió en el alzamiento del Pendón Real de la Ciudad en el espacio político de la ciudad más visible: la denominada “Plaza Mayor”, que posterior al proceso de Independencia fue denominada como “Plaza de Armas”, “Plaza de la Constitución” o “Plaza de la Libertad”.

En ese espacio, en resumidas cuentas, el alférez real elevaba el Pendón y hacía un solamente grito de “Por Castilla – Nueva España, en honor a Felipe IV (según el monarca), ¡Viva, viva, viva!”. Posteriormente, todo el público congregado gritaba “¡Viva!”, sonaban las campanas de la Iglesia principal y se tiraban fuegos pirotécnicos. A su vez, se develaba el retrato del monarca y se tenían también adornos alusivos a tal.

Lo confeccionado por Miguel Hidalgo fue en perspectiva un ritual de jura y aclamación en honor a Fernando VII. Refrendó la autonomía del espacio para recuperar el territorio y soberanía al monarca cautivo, luego de los hechos de Bayona. Así, el pendón reflejaba tres vínculos primarios: religión, con el retrato de la Virgen de Guadalupe, patria, con el territorio descrito y pertenencia, y monarquía, con la restitución y fidelidad a El Deseado.

De esta manera, la tradición ritualista de Independencia siguió modelos hispánicos. Cierto es que posterior al hecho, múltiples adecuaciones fueron realizadas, para consolidar el proceso de origen como identidad. Sin embargo, es preciso indicar que el ritual para el 15 y 16 de septiembre cuenta con una larga tradición de amplia continuidad con el antiguo régimen, cual proceso de hispanidad.