El equinoccio
Jesús Domínguez Cardiel
Recuerdo que la primera vez, de la que tengo memoria, que escuché la palabra ‘equinoccio’ fue en una plática entre mi madre y una de mis tías, ambas conversaban sobre las situaciones cambiantes y el rejuvenecimiento de las flores. A mis 6 años me intrigué y al día siguiente le hice una pregunta a mi maestra de primer año de primaria.
Aurora, como se llama, me contestó que era un ciclo que tenía de duración cuatro meses y en el que se comenzaba a sentir más calidez y por consiguiente había elevación de temperaturas, y que, por supuesto, florecían las plantas y reverdecían los árboles.
La explicación, para esa edad, me pareció adecuada y comprendí, incluso nos explicó las situaciones y características de las demás estaciones del año, así como sus duraciones; pero con el paso de los años y a través de la educación formal, se nos dieron más argumentos para comprender el significado de dicha palabra.
También ese día, mi tía comentó que muchas personas asistían a Teotihuacán para recargarse de energía por comenzar un nuevo ciclo. Me pareció interesante, pero no me convenció la idea y así permanecí hasta que estudié en la licenciatura y comprendí algo de la cosmogonía prehispánica, situación que comprobó mi percepción, aunque lo comentado por ella, se sustenta en la cultura del sincretismo que se dio a lo largo de más de cuatro siglos de interacción.
Actualmente he visto que en Teotihuacán se han suspendido las llamadas “recargas de energía”, según algunos, por el exceso de peso que se da en las estructuras y para protegerlas, aunque desconozco si también sucede lo mismo con Chichen Itzá y otros sitios arqueológicos, pero al menos en Zacatecas, este año se llevaron a cabo invitaciones públicas para un festival organizado por varias dependencias.
Considero que, en caso de ser cierto lo del peso y la conservación, es prudente tener un protocolo de usos que sea público y difundido ampliamente, pues además de la conservación, es una fuente de ingresos para los servicios turísticos.
Asimismo, resulta necesario que a quien asista a este tipo de eventos se les indique el sentido de la cosmogonía prehispánica, pues hay quienes debido al sincretismo, dan significados cristianos a elementos culturales que no tuvieron contacto con el viejo mundo al momento de su construcción. Si ya se hace, enhorabuena, si no, es fundamental.
Finalmente, del equinoccio también se puede hablar desde la astronomía y otras ciencias, pero quisiera resaltar algo que me decía mi abuelo Pedro: esto era que ya se acercaba el momento de preparar las tierras para la siembra. Tal vez no sabía el porqué de manera científica, pero su experiencia era evidente.
Para mí, todo esto me rememora el equinoccio, ¿para usted qué significa o le recuerda?

