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La delgada línea
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La delgada línea

Luna  Nueva  

Lucía Dinorah Bañuelos 

 

Desde que fue notificado por primera vez en Wuhan (China) el 31 de diciembre de 2019 el primer caso de Covid-19, han pasado 954 días (1 de 2019, 366 de 2020, 365 de 2021 y hasta hoy, 10 de agosto de 2022, 222 días), la humanidad se ha enfrentado a un mar de situaciones desconocidas.  

Desde entonces, la mortífera enfermedad ha cobrado la vida de al menos 6.3 millones de personas en todo el mundo hasta el 12 de junio de 2022, de acuerdo con statista.com; América lidera el ranking fúnebre (2 millones 758 mil 90 muertes), seguido de Europa (un millón 997 mil 305 fallecidos) y Asia (un millón 305 mil 453 defunciones). 

La pandemia de Covid-19, causada por el virus SARS-CoV-2, fue llamada inicialmente como neumonía de Wuhan, puesto que los primeros casos fueron identificados en diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, al reportarse personas enfermas con un tipo de neumonía desconocida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional el 30 de enero de 2020 y la reconoció como una pandemia el 11 de marzo de 2020, cuando informó que había 4 mil 291 muertos y 118 mil casos en 114 países. 

La pandemia, además de paralizar al mundo, también revolucionó a la humanidad y hasta cierto punto la unió no sólo en el dolor de la muerte y el miedo, también se hicieron universales las palabras pandemia, covid, cubreboca… se siguieron los mismos protocolos en todo el mundo (sana distancia, lavado de manos, uso de cubreboca) y unió las voluntades y esfuerzos de la comunidad científica y de gobiernos para encontrar una cura. 

Aunque estamos lejos de encontrar una cura definitiva, las vacunas de aplicación masiva se hicieron en tiempos relativamente cortos si la comparamos –por ejemplo- con la otra pandemia de los últimos tiempos, la del sida, de la cual sólo hay vacunas experimentales o preventivas. 

Hasta antes de las vacunas, contagiarse del coronavirus tácitamente era una sentencia de muerte. Miles de personas, de todas las edades en todo el mundo perdieron la vida sin ninguna oportunidad de vencer al enemigo. 

Una vez inmunizados, la enfermedad ya no fue tan letal, los síntomas cambiaron y los cuerpos resisten más… 

Sin ser médica, enfermera ni trabajadora de la salud en ninguna escala, puedo decir con la certeza de ser madre que gracias a las benditas vacunas conservo a mis cuatro hijos y tal vez mi vida misma. 

Ahora, creo el reto de las autoridades de salud es definir con claridad cuándo alguien está enfermo de Covid y quién sólo presenta un gran resfriado, una infección “ordinaria” de garganta o enfermedad de las vías respiratorias en general, porque, paradójicamente, la desinformación es mucha, a pesar de que hay muchas formas de informarse.

 

De esa enfermedad que acababa vidas en un par de días, queda una que se confunde fácilmente con una infección de garganta, con tos, con una ronquera, sequedad en la garganta y fiebre, mucha fiebre y las pruebas anticovid dan negativo, pero el dolor de cuerpo y la debilidad no dan tregua al enfermo que no puede abandonar la cama, incluso una semana después de estar convaleciente.  

Hasta hace unos días, pude presumir sin temor a equivocarme, que había evadido exitosamente al coronavirus, sin embargo, hace unas semanas tuve un episodio que –a mi ver- fue algo más que gripe, pero oficialmente fui negativa a Covid, por ello digo, la línea es muy delgada entre una enfermedad y otra.  

En Zacatecas el sistema de salud no se da abasto para atender la demanda, al menos en el Seguro Social las filas son inmensas, en parte por la gran cantidad de gente que llega de todas partes y por otra por la mala organización interna, pues sólo un médico atiende a los que son redirigidos desde el triage para hacerse la prueba y atiende también las urgencias que llegan en ambulancia, no hay instalaciones adecuadas para pacientes que llegan con claros síntomas de la enfermedad (tos, dolor de garganta, debilidad, sequedad, temperatura alta) que llegan y se amontonan en el área de ambulancias, prácticamente a la intemperie en plena corriente de aire donde deben esperar hasta ocho horas y deben regresar al día siguiente para hacerse la prueba porque sólo hay un químico que organiza a los pacientes, aplica y procesa la prueba, entrega resultados y atiende las exigencias del hospital, termina turno a las 8 de la noche y para colmo la plataforma para la incapacidad funciona a medias a veces sí a veces no. 

Al 9 de agosto de 2022, en Zacatecas hay 75 mil 341 casos positivos acumulados y 3 mil 988 defunciones según información oficial de Gobierno del Estado, pero no se precisa si desde que se registró el primer caso en el estado a la fecha o si sólo llevan la contabilidad desde que tomó posesión la llamada Nueva Gobernanza, como si a partir de ese momento todo el pasado quedara borrado por arte de magia.  

Aunque parece que la quinta ola va en declive, luego de registrar hasta 400 contagios en un solo día, no es tiempo de relajar las medidas preventivas, porque ya casi un mes y al menos yo sigo con una tos espantosa que no me deja ni hablar y conozco muchos casos iguales.

Es verdad, padecer covid dejó de ser una sentencia de muerte, pero esa delgada línea que lo hace confundir con una fuerte gripe que te deja tirado en la lona más de lo que podemos soportar con paciencia y puede dejar secuelas.