Rodolfo Martínez, El Rorro: nuevo torero de plata
Carlos Saucedo Medrano
La peculiaridad del mundo del toro es que todos nos ubicamos aunque no nos conozcamos y trasladado eso a una ciudad pequeña como Zacatecas; el espectro se acorta hasta dimensiones subatómicas.
Ubicado y no conocido llegó una mañana de lunes Rodolfo Martínez a las afueras de nuestro salón de preparatoria. Digo nuestro porque –modestia aparte– mis compañeros tuvieron a bien nombrarme jefe de grupo. Él estaba sentado en la barda de cantera mientras adentro nos poníamos de acuerdo para un convivio. Al verlo yo sabía que pertenecía a nuestra feligresía taurina. Salí y sin decirle hola le inquirí: “adentro estamos dando boletos para Pablo Hermoso”. Ahí comenzó una maravillosa amistad que al día de hoy tengo el honor de compartir con él.
Influenciado por el toreo tan hondo y la fuerte personalidad de El Pana, Rodolfo Martínez comenzó sus andanzas como becerrista bajo la tutela del maestro Víctor Simental. Llegó a tener triunfos relevantes en los lienzos charros de La Encantada y el de Guadalupe –hoy demolido–, así como en municipios de la geografía estatal. Cabe resaltar que en todo momento contó con la guía y consejo del matador Antonio Romero.
La afición de El Rorro es desbordante: trabajó como ayudante de albañil y taxista para costearse los onerosos gastos de su profesión. Con mucho romanticismo recuerdo las caminatas que dimos entre los pasillos de la Unidad Académica Preparatoria para vender boletos con alumnos y profesores. En alguna ocasión, después de pagar su boleto, nuestra maestra de Humanidades, la honorable Romelia Rodríguez, le preguntó ¿y no te da miedo ponerte frente al toro? <<No, maestra. Yo quiero ser torero>>, contestó con firmeza el fiel devoto de San Juan Bautista.
Ya con el ambiente propicio, llegó su debut como novillero el 11 de agosto de 2013 en la Monumental de Zacatecas. Su oponente llevó el nombre de Te quieres casar conmigo y es que antes de que se abriera la puerta de toriles, un aficionado se aventó al ruedo para hacer tan peculiar propuesta a su novia sentada en las barreras de sol.
Después de altibajos taurinos y personales, Rodolfo pausó su andar como novillero para ganarse la vida y seguir su preparación académica. Esa afición que no le cabe en el cuerpo lo motivó a volver a entrenar, coger los trastos y prepararse para regresar, aunque ya sin pertenecer al escalafón menor.
Este pasado 5 de mayo y después de que el destino le jugara otras malas pasadas; debutó como banderillero en la cuadrilla de Héctor Gutiérrez, en la Monumental de Monterrey. Con el enorme aprecio que le tengo y la mayor estima, le dedico estas líneas para desearle suerte en su nuevo andar como torero de plata.

