Valentín Gómez Farías y la educación

Esta seman he estado muy inmiscuido en cuestiones de historia de la educación. Primero porque estoy preparando un trabajo que se presentará en un coloquio en Ciudad de México el próximo mes; segundo porque en mi trabajo me corresponde impartir la asignatura de historia de la educación en México y tercero porque se han suscitado varios acontecimientos en algunas escuelas de Zacatecas.
La situación inicial y que es la que da nombre a esta nota es que en 1833, precisamente el día 21 de octubre, Valentín Gómez Farías en su calidad de impulsor de la reforma educativa, cerró las puertas de la Real y Pontificia Universidad de México, dando paso a la creación de la Dirección General de Instrucción Pública. Con ello se buscaba modernizar, para aquel tiempo, las formas de educación.
Como parte de esas acciones, tres días después el mismo Gómez Farías decretó la erección de la Biblioteca Nacional. Al respecto, es posible decir que dichas acciones tuvieron como objetivo mejorar las condiciones de enseñanza y de aprendizaje de la sociedad mexicana decimonónica, con lo que me atrevería a decir que había un interés por educar e instruir a los recién considerados ciudadanos.
Para el caso de Zacatecas, también existía una Dirección de Instrucción Pública del Estado, misma que buscó bajo distintas acciones impulsar la preparación de la juventud, sin embargo, las condiciones económicas y sociales mermaron aquellos intentos y la mayoría no fraguó.
En el segundo motivo para escribir en esta ocasión, es que la asignatura que ahora imparto en nivel licenciatura, ha permitido que el grupo de V semestre, identifique continuidades y rupturas en los intentos por mejorar la educación en México. No obstante, según lo que hemos comentado, existen diversas condiciones que no han permitido que la preparación social aumente en los niveles deseados.
Si bien estas apreciaciones son un tanto apresuradas, porque no hemos terminado el curso, me queda de reflexión que están adquiriendo conciencia histórica en torno a la necesidad de tener un pueblo educado y preparado para las circunstancias históricas de cada momento, es decir, que las enseñanzas que adquiramos deben ayudar a resolver problemas de nuestro presente.
Finalmente, el tercer motivo se deriva y lo relaciono con lo anterior por las constantes manifestaciones y paros en algunas instancias universitarias, las cuales, según los medios informativos sucedieron por inconformidades en contra de docentes que, según lo dicho, no actúan con principios éticos ante sus grupos. Pero, como historiador, no me puedo quedar solo con esa versión, habría que preguntar e indagar en distintas fuentes, las explicaciones de las contrapartes. Lo cierto es que los hechos responden a una necesidad de educación de acuerdo a los intereses actuales.
Con ello no estoy a favor o en contra de alguna u otra interpretación de su realidad, sino más bien reflexiono: es importante reconocer que las reformas educativas han sido constantes desde el siglo XIX y todas han pretendido mejorar el entorno de preparación de acuerdo a los intereses y necesidades de la época, pero también que es indispensable generar conciencia histórica para comprender que los cambios continuarán y ante ello debemos adaptarnos, claro sin perder un espíritu crítico al igual que propositivo y finalmente, los paros de labores en cualquier institución educativa de cualquier nivel, no son lo que se desearía pues se pierden clases para los demás y por ello sería mejor un diálogo franco, permitiendo y atendiendo las dos caras de la moneda.
Espero y que las autoridades actuales de todas las instituciones permitan la interlocución entre las partes antes que los paros, pues se afectan otros aspectos, sociales, de movilidad y económicos. Busquemos una educación mejor para toda la sociedad.
