Recorrido sobre el MUNAL

La semana pasada estuve en Ciudad de México, por lo que también escribí desde allá sobre el enfrentamiento entre Cortés y los mexicas. En dicho viaje tuve la oportunidad de, además de recorrer las calles principales del Centro Histórico y pasar por algunos lugares históricos, entrar a algunos museos o sitios de relevancia.
Uno de ellos fue la catedral metropolitana; edificio que lejos de apreciarse sólo por su función eclesiástica, al menos a mí me maravilla mucho más que incluso el Palacio Nacional, que aunque es espectacular, la catedral llama más mi atención.
No pude recorrerla porque había ceremonia en su interior y sólo dejaban transitar hasta ciertos lugares, mi intención era llegar a la tumba de Agustín de Iturbide, primer emperador de México y por supuesto único mexicano en ocupar el trono.
Entonces pensé en ir a otro de mis sitios favoritos de la capital, me refiero al Museo Nacional del Arte, ubicado enfrente del Palacio de Minería casi a contraesquina del Palacio de Bellas Artes. Por cierto y acotando, tan sólo en estas dos cuadras se ubican tres emblemáticos edificios que llevan por nombre “palacio”, de ahí que tenga también esta denominación la CDMX: “Ciudad de los Palacios”.
Regresando al museo, comento que es uno de mis espacios predilectos, pues tiene una colección de pinturas y algunas esculturas de muchas épocas. Sin contar con lo majestuoso que resulta el propio edificio.
Ahí se ubicó a finales del siglo XVIII la Academia de San Carlos fundada para motivar la creación artística en la Nueva España. Ahí convivieron reconocidos personajes como Miguel Constanzó o el célebre Manuel Tolsá, por sólo mencionar a los más conocidos.
Entonces, al entrar la gran escalinata central impone y genera un sentimiento de asombro, tan sólo de imaginar a aquellos artistas deambulando por ahí, ejerciendo la docencia y meditando sobre las creaciones que realizaron en ese espacio.
El recorrido del museo inicia en el último piso, con una colección de arte virreinal, por supuesto grandes pinturas de corte religioso, otras más retratos, pero todos con gran maestría en su hechura. De esa colección lo que más me gusta sin duda son los retratos de personajes históricos como virreyes.
En el piso intermedio se encuentra una colección dedicada a las obras de autores mexicanos de los siglos XIX y XX. En lo particular es mi favorita, pues se encuentran muchas de las imágenes que aparecían en los libros de texto de los años 90 y que son, en gran medida, responsables de mi gusto por la historia. Destaca Fray Bartolomé de la Casas y la Quema de los pies de Cuauhtémoc, que son lienzos enormes, aunque también la pequeña libertad cargando las leyes de 1857.
El primer piso también es fabuloso, pues contiene una gran cantidad de pinturas de paisajes y obras de autores del siglo XX, así que cada que voy me acerco y disfruto de las dos piezas que hay de Francisco Goitia y uno de los autorretratos de Siqueiros, creo yo el más famoso.
El piso inferior casi siempre tiene exposiciones temporales y en este caso así lo fue. Se trató de una gran exhibición de fotografías, pinturas, litografías, esculturas, periódicos, esculturas, revistas y hasta objetos personales referentes a la magia, la hechicería, la masonería, esoterismo, zodiaco y hasta la brujería.
Me causó agrado y a la vez impresión ver que al inicio estaban caricaturas de periódicos de inicios del siglo XX referentes a la afinidad de Francisco I. Madero por algunos de estos temas. Por supuesto tomé fotografías y trato de observar con mucha atención.
Finalmente, escribo esto porque quisiera que cuando tengamos la oportunidad de viajar a la capital, visitemos este gran museo, percibiendo desde la escultura ecuestre de Carlos IV hecha por Manuel Tolsá hasta la tienda de souvenirs, el propio edificio y las colecciones que ahí se exhiban.
